Ψ Psicóloga 
     Lola Salinas                                       

Salud Mental
La Personalidad

Estilos de Conductas

Nuestra Personalidad es la  fascinante combinación de un conjunto de emociones, atributos, estilos de pensamiento, actitudes, conductas, habilidades...

La personalidad se compone de muchos factores y rasgos formando ESTILOS de personalidad. La mayoría de nuestros rasgos se educan durante la socialización.

Un estilo de personalidad es el conjunto de rasgos,  atributos, actitudes y conductas que adopta el individuo y que lo caracterizan en la mayoría de las situaciones.

Hay ciertas combinaciones de rasgos más típicas o frecuentes que forman patrones o estilos de personalidad, presentes en la mayoría de las sociedades actuales. Esto no quiere decir que todas las personas que comparte un estilo tengan necesariamente los mis rasgos y en la misma cuantía o frecuencia de manifestación. Existen muchas variaciones dentro de un mismo estilo de personalidad pero hay ciertos denominadores comunes.

Hay muchos estilos de personalidad pero la Psicología ha tratado de llevar a cabo clasificaciones que reflejen las tendencias más funcionales y las menos funcionales. No soy muy partidaria de las clasificaciones y de las etiquetas, porque considero que en su mayor parte simplifican la realidad y pueden resultar rígidas y poco útiles a la hora de analizar, evaluar y ayudar a las personas. Considero que es más práctico y eficaz trabajar con los síntomas.

No obstante, parece cierto que a ciertas conductas 'nucleares' (enfadarse con facilidad) les son familiares ciertos rasgos y otras conductas coadyubantes. Es en ese sentido que trabajar con los 'estilos' o perfiles nos puede ayudar a identificar ciertos rasgos concomitantes. Nuestra labor, no será quedarnos con el perfil prototipo, si no, identificar con claridad los síntomas presentes en la reaalidad del individuo, sin etiquetar y encasillar, para poder abordar con eficacia su intervención.

Existen Estilos más funcionales que otros, es decir, más útiles para adaptarse a la cultura y entorno social. Un estilo de personalidad puede convertirse en disfuncional e incluso en un trastorno de personalidad.

Generalmente, la funcionalidad está en relación directa con el número de rasgos de una tipología y la frecuencia de las conductas.

Un ejemplo claro de la diferencia entre funcionalidad y disfuncionalidad en relación a la frecuencia e intensidad de las conductas lo encontramos en el estilo de conducta perfeccionista. Sus características pueden resultar muy útiles en determinados contextos profesionales o sociales, mientras que la exageración puede conducir a la inacción, la paralísis, la obsesión o la compulsión.

La funcionalidad se puede entrenar para un rasgo o para un conjunto (estilo) con técnicas cognitivo-conductuales. Desde la psicología positiva tratamos de establecer unas bases para que el trabajo resulte más satisfactorio.



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