Ψ Psicóloga
     Lola Salinas

Problemas Sexuales
Sus Causas

La mayor parte de las disfunciones sexuales se debe a una actitud sexual inadecuada para la obtención de placer: tensión, exigencias, preocupación, nervios, falta de percepción, exceso de excitabilidad…  Elementos todos ellos que juegan un papel fundamental en el bloqueo de la Respuesta Sexual, generando los problemas sexuales más habituales.

La satisfacción sexual y el placer que se puede alcanzar durante las relaciones no solo depende de un buen funcionamiento de los órganos sexuales. Depende en mayor medida de orientar de una forma adecuada nuestras actitudes.

A veces, ciertos rasgos de personalidad o ciertos problemas que se generan dentro de una relación concreta, se trasladan al ámbito de las relaciones sexuales. El perfeccionismo, la inseguridad, la timidez, la preocupación y las obsesiones, la intolerancia, la actitud negativa, la impaciencia, la rigidez y dificultad para adaptarse y aprender, la falta de habilidad para escuchar... Todos ellos pueden ser rasgos de nuestra personalidad que incidan negativamente en nuestras relaciones sexuales, generando problemas que podemos resolver.

En los próximos apartados veremos algunos de estos problemas y qué tipo de dificultades pueden causar.

Todos ellos se pueden superar con una orientación correcta y el entrenamiento en las técnicas y conductas adecuadas.

Los hábitos que adquirimos y no son eficaces para nuestro bienestar también los podemos sustituir por otros hábitos que nos harán mucho más felices. Hábitos en la forma de comunicarnos (o no comunicarnos), hábitos en la forma de acariciar, demandar caricias o esperar atención, una incorrecta actitud ante el placer y la relajación, miedos y temores, complejos...

Podemos mejorar en todas éstas áreas si verdaderamente deseamos disfrutar de una sexualidad satisfactoria y plena. El camino está en nuestras manos, el logro lo encontraremos día a día en ese camino

La Anorgasmia (Falta de Orgasmos o dificultad para lograrlos)
La Eyaculación Precoz (Respuesta Eyaculatoria Involuntaria)
La Inhibición del Deseo Sexual (Falta de Deseo o Bajo deseo sexual)
La Disfunción Erectil (Dificultades de Erección o Impotencia)
La Inhibición Erótica (Los problemas de Excitación)
La Coitalgia y la Vaginitis (El Dolor en la penetración)
La Adicción Sexual (Dependencia del sexo y de las relaciones sexuales)

Tratamiento y Terapia

Todos estos problemas tienen, en la mayor parte de los casos, un tratamiento natural, sin fármacos y sin intervenciones quirúrgicas. El aprendizaje de la actitud adecuada, soluciona el problema de raíz, permitiendo una vida sexual satisfactoria, sin depender de la medicación o someterse a la cirugía.

El objetivo de una terapia sexual es una reorientación adecuada de las actitudes y conductas en las relaciones sexuales, mediante el aprendizaje de las técnicas y la regulación necesarias.

Los resultados dependen del proceso

Vivimos en una cultura que ha dado excesiva importancia al ‘resultado’ (erección, lubricación, orgasmo…) olvidándose del proceso que conduce a esos resultados.

Para entendernos, es como si pretendiéramos cocinar un menú exquisito pero mientras lo preparamos o lo comemos, estamos preocupados en vez de disfrutar relajadamente de su elaboración y de su degustación.

Cuando nos obsesionamos y solo pensamos en...

..."tengo que hacer la digestión"
...“me tiene que salir exquisito”
...“les tiene que parecer estupendo”
...“no me puedo equivocar en nada”
...“tiene que estar todo a punto…”

...difícilmente podemos disfrutar, y probablemente, cometamos más errores.

Con ese tipo de distractores lo más razonable es que nos olvidemos de poner algún ingrediente fundamental o que a la receta le faltara algo importante (todos hemos seguido alguna vez una receta cogida de internet que ha sido un fiasco).

En definitiva, no nos ocupamos de que el menú sea exquisito sino de nuestras preocupaciones de que salga exquisito. En vez de aprovechar nuestras habilidades al servicio del menú, las relegamos, activando solo los mecanismos de alarma, alerta, estrés y preocupación.

Con las relaciones sexuales, está sucediendo algo muy parecido. Nos preocupamos de los resultados y nos olvidamos de las verdaderas necesidades de la persona en el ámbito del placer y la satisfacción. Esta obsesión por el "resultado sexual" en detrimento del “placer sexual”, ocasiona, precisamente, el efecto no deseado: fracasar en la "respuesta sexual".

La actitud erotica es la clave para obtener una excelente respuesta sexual. La preocupación y la ansiedad no forman parte del erotismo y nos alejan del “placer sexual”, ocasionando el efecto no deseado: fracasar en la "respuesta sexual". Es paradojico, cuanto más nos preocupamos por una respuesta sexual adecuada, más inadecuada será.

Incomunicación

Otra actitud que suma estrés y bloqueo de la respuesta sexual es la incomunicación. No deseamos hablarlo porque pensamos que somos los únicos que tenemos algún problema. Aunque si hiciéramos un pequeño ejercicio de manifestarnos al respecto, veríamos cómo se unen a nuestro discurso muchas personas con similares o parecidos problemas.

Esta actitud está muy extendida y lo único que hace es empeorar el problema.

Es conveniente tener conciencia de que nuestro 'problema' es el problema de muchos otros, aunque todos lo vivamos en silencio y quizás avergonzados. No hay más que contar en el momento adecuado y de la forma adecuada alguna situación similar... la conversación se dispara y las actitudes vergonzosas se relajan.

¿Solo yo tengo este problema?

En las últimas decadas estamos asistiendo a un aumento progresivo y notable de la información y de la publicación de temas sobre sexualidad. En apariencia se habla de sexualidad con una actitud menos reprimida, un discurso que se presenta libre de tabúes.

Sin embargo, el tema de las disfunciones o los problemas, incompatibilidades, dificultades, etc., en torno a la sexualidad, están ausentes en las conversaciones habituales. Parece que nadie tiene problemas. El efecto es que quién tiene problemas y los vive en silencio se siente mucho más aislado y preocupado.

La sexualidad, por mucho que se reprima socialmente, o se trate de un modo u otro, sigue existiendo, de modo que parece que lo más inteligente y razonable es reconocer su existencia; darle la importancia que tiene; tratar de atender a toda su complejidad.

¿Debo fijarme en lo que me cuentan otros/as?

No es conveniente, ni eficaz que nuestra medida de satisfacción tenga que tener como referente otras personas de nuestro entorno, sino nuestras propias capacidades.

Para descubrir estas capacidades es necesario observarnos sin prejuicios, sin falsas creencias y con un cierto realismo, sin miedo a ser 'bichos raros'. No es conveniente que nos 'midamos' en comparación con otras personas ni con las encuestas que leemos.

En esta situación estaremos en condiciones de saber si tenemos algún tipo de problema o bien se trata de un falso problema. Podremos autoevaluar si nuestro malestar está derivado de unas expectativas erróneas, basadas en la imagen social, o bien nos convendría mejorar ciertos aspectos, rectificar algunas conductas erróneas y sustituir actitudes o comportamientos que nos perjudican.

Llegados a este punto ya habremos avanzado muchísimo, porque al racionalizar un problema le damos la dimensión adecuada y reducimos nuestro nivel de ansiedad, temor y preocupación. Ingredientes poco recomendables en cualquier tipo de proceso de resolución de problemas.

Una vez que hayamos autoevaluado sin la presión del entorno y la propia nuestra, estaremos en una mejor disposición para atender a la consulta de un/a profesional para exponer nuestro malestar, nuestras inquietudes o nuestro problema. También estaremos en mejor disposición para seguir el tratamiento adecuado, solucionando y superando cualquier obstáculo que dificulte nuestro placer y satisfacción en el ámbito sexual.

¿Por qué nos da vergüenza ir a una consulta sexual?

Nunca tendremos vergüenza por ir al oftalmólogo a examinar nuestra vista si comenzamos a sentir fatiga al leer y dificultades para enfocar correctamente.

Tampoco nos cuesta hablar de que estamos acatarrados y hechos un "asco", aunque el catarro lo hayamos cogido por estar desnudos en medio de una corriente. Ni nos cuesta ir al médico con una buena indigestión, debido a que nos hemos atiborrado de comida...

A nadie le supone ningún problema reconocer que tiene dolor de espalda y atender a la consulta de un/a traumatólogo/a para tratar de aliviarlo.

En ninguno de estos casos, nos costará escuchar y aceptar las recomendaciones que el/la especialista nos dará sobre la necesidad de rectificar ciertos hábitos, o modificar ciertas conductas, incluso ciertas creencias erróneas asociadas a nuestras costumbres.

Por ejemplo, si el/la traumatólogo/a considera que tenemos malos hábitos adquiridos en las posturas que adoptamos al sentarnos y que éstas están originando este tipo de dolencias, aceptaremos sus sugerencias y probablemente intentaremos rectificarlas con las indicaciones que nos faciliten.

Todas estas reacciones las vemos normales, no nos plantean ningún tipo de pudor, reserva o vergüenza. Incluso si algún amigo/a nos pregunta por algún especialista para tal o cual problema, estaremos encantados de darle todo lujo de detalles sobre nuestra experiencia al respecto en aquella ocasión que nosotros padecimos ese mismo o similar problema. Le haremos recomendaciones de todo tipo y nos prodigaremos en ejercer de "especialistas" en el tema.

Sin embargo, cuando se trata de nuestra sexualidad, de nuestras relaciones sexuales, de la respuesta sexual, etc. ahí cambia la cosa. Parece que es más difícil admitir que se tienen dificultades sexuales. Esto demuestra que estamos ante una falsa ‘liberación’ de los tabúes sexuales, que estamos ante una falsa era de la información sexual, ante una falsa educación sexual integral.

Y parece más difícil, tanto para reconocérnoslo a nosotros mismos como para hablarlo con los demás, incluida nuestra pareja, amigos y área de salud. Tenemos la creencia de que las dificultades surgidas en el ámbito sexual significan un menoscabo de nuestra imagen, una falta, un problema que nos discapacita globalmente, una cuestión que nos hace de menos, algo que desdice nuestra personalidad, etc., etc.

Soy escéptico/a con respecto a que me puedan ayudar

Al atender a una consulta, generalmente se tiene una cierta dosis de escepticismo y a la vez cierta esperanza. Esto es normal si tenemos en cuenta que quizá hemos tratado de solucionarlo por nuestra cuenta; que tal vez hemos fracasado en nuestros intentos; que seguramente el problema que tenemos lo llevamos arrastrando desde hace mucho tiempo y nos vemos incapaces de superarlo, etc. Los temores y la frustración se van cronificando y se convierten en uno de nuestros peores enemigos.

Una de las labores de un/a terapeuta es tratar de modificar esta actitud de recelo y escepticismo ya desde las primeras sesiones. Para ello se trata de participar al/la paciente de los contenidos de la terapia, de los objetivos, de los procedimientos y todos los pasos del proceso. Se trata de que el/la paciente sea absolutamente activo/a, no un sujeto pasivo de la terapia.


©Lola Salinas.