Ψ Psicóloga
     Lola Salinas

Salud Mental
OMS

Qué es la Salud Mental
Salud Mental en la OMS


La Organización Mundial de la Salud viene a decir que no es necesario estar enfermo o tener un trastorno para sentir malestar. Sentimos malestar en muchas ocasiones de la vida. El malestar puede, o no, ser síntoma de una enfermedad. El malestar puede ser físico (dolores de cabeza o musculares), psicológico (ansiedad o estrés) y social (trabajo, conflictos, soledad, marginación).

La mayor parte del malestar o ausencia de bienestar que aqueja a una persona en distintos momentos o etapas de su vida, aunque requiera intervención, no puede ni debe diagnosticarse como una enfermedad o un trastorno. Pero no todo el malestar que sentimos nos impide tener bienestar. Podemos estar tristes por la pérdida de un ser querido y esa tristeza nos genera malestar, pero el malestar que sentimos en esas circunstancias -si es proporcionado a la pérdida- es funcional y nos permite reanudar nuestra vida en un tiempo razonable y volver a tener interés e implicación en nuestras actividades.

En el caso del malestar psicológico, en gran parte del malestar social y en bastantes casos del malestar físico (migrañas...), estamos ante situaciones que es posible resolverlas en la consulta de psicología general, mediante la correcta evaluación, orientación y estrategia profesional. En la mayoría de estos casos no es necesrio recurrir a la psicología clínica (especializada en trastornos) o a la psiquiatría (especializada en la medicación de los trastornos).

Podemos estar desorientados o tener dudas y no estar/sentirnos enfermos o no tener ningún trastorno. Podemos sentirnos inquietos y con desasosiego y no por eso tenemos una enfermedad ni un trastorno. Podemos sentirnos enfermos en una etapa de nuestras vidas y no por ello tener un trastorno. En la mayoría de los casos es conveniente y suficiente atender a consulta de psicología general para intervenir, orientar y solucionar adecuadamente el problema.

Un ejemplo, entre otros muchos, sería la paradoja de la exigencia. La autoexigencia puede ser funcional en un contexto y circunstancias pero puede no serlo en otros. Una persona autoexigente, contenta de su vida y acostumbrada al logro, en un momento concreto de su trayectoria comete un error que considera 'imperdonable'. Como consecuencia, se juzga muy severamente y se siente culpable. Esa culpabilidad le genera un gran malestar que le dificulta estar contenta, alegre, animada y activa. Esos cambios de ánimo y vitalidad en su vida le provocan desazón, inquietud, preocupación e inseguridad, no está acostumbrada a padecer ese tipo de sensaciones y le perturban. La paradoja es que precisamente su propia exigencia es la que le conduce al malestar, disfunción y posible sentimiento de fracaso, no el error en sí. Ciertos rasgos de ese perfeccionismo la han llevado al éxito pero cuando se produce un exceso tal que no acepta el error humano, se convierte en un vehículo que puede conducir al fracaso.

En este caso, no es necesaria la intervención de la psicología clínica, no se trata de una psicopatología o trastorno. La correcta evaluación, valoración y la intervención necesarias son la labor de la Psicología General.

El perfeccionismo, por seguir con el ejemplo, puedo llevarnos en un momento determinado a estar deprimidos, a sentir ansiedad, a aislarnos del entorno social por miedo a la evaluación, etc. En todos estos casos, no se trataría de un trastorno pero si conviene realizar una intervención desde la Psicología General.

Las etiquetas patológicas

Vivimos en una cultura que tiende a patologizar las conductas y a etiquetarlas de una forma excesivamente simplificada, exagerada y/o errónea. Muchas veces hemos escuchado en nuestro entorno expresiones como "Pareces bipolar", "Estás Paranoico", "Tienes depresión" etc. Obviamente, al hacer un uso coloquial e informal, estas expresiones están siendo mal utilizadas. En su uso profesional, en el Manual de Diagnóstico de Enfermedades mentales DSM, estas expresiones hacen referencia a trastornos de las emociones o de la personalidad con una grave trascendencia en las personas que los padecen.

En la vida real, sin embargo, después de una evaluación rigurosa,  esas expresiones o 'diagnósiticos' coloquiales no describen la realidad de la persona que viene a consulta. Lo más probable es que estemos utilizando con excesiva ligereza conceptos que son complejos. La información que recibimos a través de internet, TV, prensa y entorno, en general, nos lleva a confundir términos y conceptos.

El porcentaje de personas que padecen un trastorno es muy pequeño, ínfimo, en comparación con las personas que tienen malestar o ausencia de bienestar.

En realidad, la mayor parte de las veces, nos estamos refiriendo a conductas o estilos de conducta o personalidad que están provocando malestar a la persona que las produce o a su entorno o bien se trata de conductas que no son plenamente funcionales. En cualquier caso, no son trastornos psicológicos.

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©Lola Salinas 2022