Ψ Psicóloga
     Lola Salinas

El puente al bienestar

El puente al bienestar

La metáfora del arroyo, que intentamos atravesar para llegar a la otra orilla, nos puede servir para ilustrar los problemas psicológicos y las vías para afrontar su solución. Las aguas que fluyen pueden resultarnos un inconveniente, incluso un impedimento para alcanzar la otra orilla, pero son parte de la vida, incluso necesarias, útiles y saludables. A veces, lo que nos impide lograr un objetivo, es parte de la solución. Las piedras que descansan en el arroyo pueden servirnos a modo de puente o podemos construir un puente con ellas. El arroyo puede representar una oportunidad de pararnos y sentarnos a reflexionar; puede ser el lugar donde nos refresquemos y descansemos; sus aguas cristalinas pueden ser el espejo donde nos miremos.

Frente al problema psicológico, al igual que frente al cauce del arroyo, tenemos varias opciones, entre ellas, confiar en nuestros recursos (habilidades, conocimientos, capacidad de aprendizaje, paciencia, tesón, esperanza...) e iniciar el diseño y construcción de una forma de paso o un puente firme para cruzar. Podemos evaluar la profundidad de las aguas, la anchura del cauce y la potencia de la corriente, los materiales... para diseñar y construir un bote, el paso o puente que nos permita alcanzar la otra orilla. El puente puede estar hecho con piedras grandes que vamos colocando en cada paso que avanzamos, o puede ser una estructura firme, sólida y permantente. La elección dependerá de si lo queremos reutilizar o del tamaño del arroyo.

En cualquier caso, la opción de 'construir' el paso o el puente nos dará energía, ilusión y satisfacción durante todo el proceso. Nos ayudará a aumentar la confianza en nosotros mismos. Al final, conseguiremos alcanzar la otra orilla, conocer mejor el terreno, comprender mejor nuestra situación y mejorar nuestras posibilidades de futuro. Habrá otros arroyos y otras orillas que podremos cruzar en el futuro, ya hemos adquirido el conocimiento y la experiencia. Sin duda, esta opción supone un esfuerzo, trabajo, dedicación y aprendizaje, también supone una inversión para toda la vidas.

Otra opción será quedarnos en la orilla, aún sabiendo que si cruzamos, obtendremos mayor bienestar. Optamos por construir un muro simbólico donde nos escondemos para no ver la otra orilla y no hacer el esfuerzo de alcanzarla. Sin embargo, en nuestra mente, sigue existiendo esa orilla, sabemos que está ahí y nos produce tristeza no vernos capaces de construir el puente para alcanzarla.

Lograr bienestar

La superación de cualquier malestar o problema psicológico se inicia cuando comprendemos las causas que lo originan y los factores que contribuyen a su mantenimiento. Por el contrario, con frecuencia, una comprensión insuficiente o superficial del problema lo consolida, dificultando su gestión, prolongando el malestar y consumiendo esfuerzos y recursos en una dirección ineficaz.

Un enfoque funcional eficaz, realista y certero puede iluminar algún aspecto importante de nuestra situación, que permanecía oculto, permitiéndonos tomar conciencia de él y conocer cómo nos está afectando. Ese nuevo enfoque alivia en cierta medida nuestro malestar y nos orienta hacia la dirección óptima.

Este alivio se produce, en gran parte, porque nos liberamos del desasosiego y la preocupación que genera no entender bien lo que nos sucede y/o no saber cómo afrontarlo.  El alivio nos libera -en parte- de pensamientos perturbadores, así como de algunos de los efectos de un exceso de preocupación, estrés o conflicto y las consecuentes emociones de miedo, inquietud, angustia, desasosiego, ansiedad o desesperanza.

Ver algunos ejemplos de malestar (causas y consecuencias)

El malestar cumple una función

Considero el malestar como el termómetro de nuestra salud emocional, cognitiva y conductual, es decir, el termómetro de nuestra salud psicológica o mental. Por ejemplo, la presencia constante de un sentimiento de culpa, nos genera malestar porque impide que nos permitamos vivir ciertas experiencias con libertad, autonomía y disfrute. El sentimiento de culpa nos reduce el derecho a satisfacer nuestras necesidades de un modo sano.

En este ejemplo, el malesar se manifiesta como desasosiego, insatisfacción, preocupación, decaimiento...Los síntomas de malestar son saludables porque nos avisan de que algo no funciona de forma eficaz;  lo que no es saludable es la presencia constante de culpa. Los síntomas nos avisan de que existe un desajuste, desequilibrio o conflicto de 'intereses' entre nuestro bienestar y el estilo 'culpable' de vivir nuestra vida.

El factor subyacente

A efectos expositivos, he comenzado por hablar del factor subyacente, 'la culpabilidad' pero, por regla general, para identificar ese factor subyacente, primero hay que realizar un análisis de los síntomas y la función que tienen en el proceso de malestar, ya que, la mayoría de las veces, los síntomas del malestar nos están señalando las posibles causas y las posibles soluciones.

Algunos síntomas pueden ser: Irritabilidad, Impulsividad, Explosiones, Ansiedad, Miedos, Preocupación, Obsesiones, Estrés, Complejos, Evitación, Indecisión, Inseguridad, Bloqueos, Desánimo, Apatía, Anhedonia, Dudas, Procastinación, Sufrimiento, Agotamiento, Dolores, Neuralgias, Fibromialgias, Acidez, Cólon irritable, etc.

Como decía, los síntomas cumplen una función (son útiles para algo): nos hablan del malestar, son la voz del malestar, que nos invita a tomar conciencia de un conficto, un desajuste, una carencia... que hemos de resolver. El proceso de evaluación está orientado a la importante tarea de identificar síntomas y sus funciones, así como determinar el factor subyacente a los síntomas y, no menos importante, diseñar y aplicar el tratamiento (terapia, acompañamiento, orientación...).

Autoconfianza


A partir de esa base, otro paso hacia nuestro bienestar, tan importante como comprender, es construir la autoconfianza en que lograremos encontrar, practicar y consolidar las claves de la mejoría o la solución. Esta confianza se va construyendo desde el cambio de enfoque, con cada experiencia en la que entrenamos nuevos modelos más saludables (racionales y funcionales) de pensamiento, conducta o relación, así como la evaluación realista de la propia experiencia y de nuestros recursos y habilidades para afrontarla, que nos permite aprender y evolucionar. 

Interiorizar

Por último, la consolidación del bienestar se logrará cuando hayamos interiorizado las conductas de bienestar de esas experiencias. Si nuestro objetivo es que esos efectos adquieran solidez, continuidad y estabilidad a largo plazo, necesitamos personalizar el aprendizaje a través de nuestra propia experiencia e interiorización. Este es un bello proceso que podemos iniciar acompañados del profesional adecuado y continuar por nuestra cuenta con las habilidades, técnicas y herramientas psicológicas aprendidas durante la relación profesional que se establece.

Del mismo modo que cocinamos para hacer nuestra una receta, o viajamos para conocer un destino de la guía turistica, nuestro bienestar requiere de algo más que buenas recetas para la salud. Todo aprendizaje es una experiencia que nos transforma, consciente o inconscientemente. Si la experiencia es consciente, orientada, voluntaria y planficiada, el poder de la transformación multiplica nuestro potencial de bienestar.

Transformar, es dar una forma o una función distinta al mismo material o, dicho de otro modo, modificar su utilidad o su apariencia, por ejemplo, modificar una receta de cocina sustituyendo la mantequilla por el aceite de oliva, la puede convertir en un plato más ligero y saludable. Sustituir un ingrediente -como puede ser el pesimismo- en nuestro hábito de pensamientono no nos convierte en otra persona, pero sí aligera nuestra carga, nos hace sentir más esperanzados y animosos. Al igual que con los pensamientos y creencias, sustituir sentimientos o conductas, requiere también de una transformación de ciertas recetas, sustituyendo 'ingredientes'. A veces, la solución a nuestros problemas pasa por aprender un modo de 'cocinar' más saludable.

Para lograr transformar una conducta que nos genera malestar o problemas (ira, inhibición, compulsividad, inseguridad, impulsividad...); o transformar un hábito de pensamiento ("no voy a poder, no lo voy a lograr", "nadie me quiere", etc); o transformar una tendencia emocional (tristeza, desánimo, apatía...), o una situación (discusiones de pareja, insatisfacción, problemas laborales...), vamos a necesitar tres elementos de partida:
objetivo(s), recursos y planificación.

Las resistencias

Las resistencias son mecanismos de autoengaño que nos producen un pseudo bienestar inmediato, pero incrementan y arraigan el malestar a medio y largo plazo. Podemos resistirnos a ver el problema y/o podemos resistirnos a resolverlo.

En cualquier caso, hasta que no analizamos y aceptamos nuestras resistencias, nos va a ser más costoso llegar a la solución total. Con frecuencia, esa resistencia puede señalarnos que no tomamos conciencia o no aceptamos un rasgo de nuestra personalidad: La idealización, la culpabilización, la ambivalencia y ciertos conflictos no resueltos pueden ser los causantes de esa resistencia.  

Optimizar recursos

Como psicóloga, una parte importante de mi trabajo consiste en ayudar a cada persona a optimizar sus habilidades y recursos, para afrontar la transformación, el cambio, una mejora, la solución.... Mi trabajo es acompañar y orientar a cada persona para que amplie o enriquezca su enfoque y encontre respuesta a aquello que le interesa, le inquieta, le preocupa o le genera malestar. Para lograrlo, pongo a disposición de cada persona los conocimientos, técnicas y herramientas de la psicología que van a resultar más eficaces. A través del diálogo, el análisis, la experiencia, el entrenamiento y la reflexión conjunta, cada persona interiorizará una opción nueva, eficaz para sus propias necesidades y objetivos.

Durante el tiempo que trabajemos juntos os acompañaré con un interés auténtico en vuestro proceso, y os brindaré el seguimiento y apoyo necesarios para motivaros, orientar los pasos y que logréis vuestras metas.

En resumen, estableceremos una buena alianza que nos permita realizar un análisis pertinente, un enfoque adecuado y una estrategia eficaz, compartiendo técnicas psicológicas de gran utilidad, y obteniendo la motivación necesaria para lograr resultados excelentes.

Desmitificar

Conviene no dar la imagen idealizada y errónea de que el/la psicólogo/a es alguien que no necesita crecer y ampliar habilidades y conocimientos, o que no necesita resolver sus propios conflictos, contradicciones o dificultades. Muy al contrario, los/las profesionales de la psicología tenemos un compromiso ineludible y constante con el auto análisis, la honestidad y el trabajo personal.

En primer lugar, la imagen idealizada del profesional 'perfecto' no se ajusta a la realidad de ningún profesional porque siempre queda margen de mejora. Cualquier profesional está comprometido con el aprendizaje continuo y la actualización. Además, cualquier persona evoluciona y se enfrenta a cambios en su vida que le pueden generar cierto malestar, conflicto o dificultad, y que requieren de reajustes, nuevas habilidades o aprendizajes. Los psicólogos y las psicólogas participamos de esa realidad, evolucionamos como personas y tenemos un compromiso con el aprendizaje y la actualización de conocimientos. Nuestra credibilidad se asienta en nuestra actitud abierta y continua para identificar nuestras propias áreas de mejora, transformación y actualización.

Por otra parte, dar una imagen idealizada de psicólogo/a como alguien que no necesita desarrollo y trabajo personal/profesional puede producir la sensación de que disponen de un bienestar original, permanente, ‘natural’ y no evolucionado, adaptado y/o aprendido. Esa idea tampoco refleja la realidad y puede desmotivar el aprendizaje producto de la motivación, el compromiso y la constancia.

Además, en el caso de profesionales de la psicología, es el propio trabajo personal, constante, previo a ejercer como psicólogos/as y mientras ejercemos, integrado con los conocimientos y la experiencia en consulta, lo que nos facilita en gran medida ponernos en el lugar de otras personas, comprender y orientar eficazmente.

Nuestro trabajo con otros seres humanos nos recuerda la necesidad de desarrollar nuestro potencial de crecimiento y nuestras habilidades. Cada cliente supone renovar nuestro compromiso con la responsabilidad, la ética, la integridad y el crecimiento profesional y personal. Cada situación o dificultad nos recuerda lo importante que es no dormirse en los laureles y vivir con el convencimiento de que en el proceso de crecer, desde la honestidad, la humildad y la confianza en el esfuerzo bien orientado, está la satisfacción propia y el bienestar de nuestros clientes.

Acompañar a otras personas en sus procesos de construcción de bienestar es una experiencia de enorme valor como profesional y como persona. Es un gran honor cada oportunidad que me brindan las personas que acuden a mi consulta para realizar este viaje.

Extraed vuestras propias conclusiones

Cada persona necesita sus propias conclusiones para desarrollar todo su potencial, crecer y liberarse de hábitos o actitudes poco funcionales. Las recetas de los demás pueden ser un referente inicial, una pista, una sugerencia, una idea a debatir, pero lo realmente interesante es poder acceder al camino recorrido por cada persona para resolver las situaciones y dificultades de la vida.

En psicología, como en la cocina, las recetas son útiles si explican paso a paso el proceso y resultan accesibles y viables, adaptándose a las necesidades de las personas que las utilizan. Esa es una de las labores de la/el psicóloga/o.

Aprender es tomar conciencia plena, aceptar,  interiorizar, hacer propio, aplicar, integrar e incorporar a tu vida con tu propio estilo y criterio. La plenitud de conciencia es la transparencia, la profundidad del conocimiento y la integración de la experiencia en nuestras capacidades, habilidades y actividad.

Se puede aprender de los aciertos y de los errores. Mis propios errores y límites los transformo en retos para practicar un interesante proceso de aceptación, compromiso, crecimiento y oportunidad para vivir.

El recorrido vital de cada persona está lleno de opciones, curiosidades, oportunidades, dificultades, ayudas… Desde que adquirimos conciencia de nuestro protagonismo y responsabilidad en el modo en que podemos vivir, se nos abre un mundo de posibilidades para elegir y entrenar las conductas y los objetivos que deseamos.

Deseo que vuestras propias «recetas» y decisiones aporten grandes dósis de bienestar a vuestras vidas.


Bienvenidos